Ana María Marcela Yarce Viveros era miembro del equipo de la revista Contralínea, y Rocío González era periodista independiente.
Estos crímenes se suman al ocurrido la semana pasada que segó la vida del comunicador social Humberto Millán en Culiacán, Sinaloa.
En un comunicado esa instancia de la ONU afirmó que estos asesinatos agravian profundamente al gremio periodístico mexicano, cuyo reclamo de eficacia a las varias instancias oficiales destinadas a brindarles protección y seguridad, tienen indiscutible vigencia y legitimidad.



